Final de curso sin reforma de la enseñanza
Urgen todas las reformas de las que se está hablando y muchas más. Por supuesto que esas reformas deben ser más serias de las que el juego parlamentario permite. El gobierno de Zapatero las propone para que cuelen a base de micropactos con unos o con otros. No las diseña en función de la realidad operativa española. Eso le da miedo. Por eso se deja siempre la reforma educativa. Es la más importante de todas.
Hemos llegado a final de curso y miles de jóvenes han aprobado una selectividad que parece un examen de Primaria y ahora concurrirán a las mil universidades españolas para estudiar carreras, algunas de las cuales solo sirven para que cientos de catedráticos y profesores sigan teniendo su sueldo asegurado. No hay mercado para esos futuros licenciados, diplomados o doctores porque la carrera elegida no tiene demanda laboral y porque, además, los contenidos de la enseñanza recibida son comparar un tambor con el Facebook.
Acabado el curso iniciamos otra vez el rito de preparar la fábrica de parados para el año que viene, sin que a nadie se le mueva la ceja. Las universidades, como ha sido la tesis dominante en los últimos años, se apresuran a pedir más presupuesto para más edificios. Hasta el dinero que piden para investigación necesita un nuevo contenedor con mejor aire acondicionado. ¿Por qué un aula está vacía la mitad de la jornada y han de hacer otro edificio para una nueva titulación?
La reforma educativa es de contenidos, de formato y hasta de ruptura con la cantidad de intereses corporativos creados alrededor de la enseñanza. La mitad de los profesores de Secundaria no manejan bien un ordenador y menos saben navegar en internet como lo hacen sus alumnos. ¿Cómo pueden impartir cualquier clase que esos alumnos la pueden leer en Wikipedia? ¿O bajarse de Youtube la lección magistral de un inglés sobre esa materia?
Lo que está haciendo Angel Gabilongo (ministro de Educación) me parece una suma de buenas intenciones. No más. Porque al final los intereses corporativos de sindicatos, patronales católicas y laicas, catedráticos que ganaron unas oposiciones hace mil años y los partidos políticos, que juegan a la contra y no a favor de nada, todo eso junto impide que siquiera entiendan lo que ha dicho Almunia.
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