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Por Rafael Martín Artíguez. Cronista Oficial de la Ciudad de Segorbe.
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El susurro de las murallas medievales de Segorbe

  • Un extraño fenómeno acústico permite la comunicación entre dos torres

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El susurro de las murallas medievales de Segorbe- (foto 1)

 

Muchos monumentos y construcciones antiguas guardan secretos y misterios de difícil interpretación.

Seguramente cuando allá por la época medieval se construyó en la Alhambra de Granada una sala de planta dodecaedral con bóveda estrellada relativamente baja, nadie pensaba que sus doce arcos inscritos tendrían una acústica tan especial como para que personas colocadas en dos extremos de arcos enfrentados pudieran mantener una conversación hasta en voz muy baja y sin nadie más de la sala que pudiera escuchar su diálogo. El hecho es tan excepcional que a lo largo del tiempo ha logrado atraer a numerosos visitantes con la finalidad exclusiva de comprobar dicho fenómeno de reverberación que se produce en dicha sala denominada “de los secretos”.

No se trata del único lugar donde se refleja el sonido de esta forma: en una torre de la Catedral de Murcia, el Monasterio de San Lorenzo del Escorial, la Catedral de San Pablo de Londres, el Convento carmelita de la Ciudad de México y algunos lugares más, tienen salas o habitaciones que presentan estas mismas cualidades.

Estos días hemos tenido la ocasión de descubrir esta rareza en Segorbe. Alguien le habló a su hija desde lejos y esta sintió que la voz la recibía desde el inmediato muro existente a su espalda.

Ha ocurrido en la calle del Argén de la capital del Palancia, entre la tercera y cuarta torre de la muralla medieval (las dos más próximas a la plaza del Ángel), una zona que forma parte de todos los recorridos turísticos que ofrece la ciudad y que ahora contará en su oferta con este nuevo aliciente. Dos personas, ubicadas cada una en las paredes enfrentadas de ambas torres, pueden entablar conversación, incluso susurrando y con toda claridad.

Especialistas en arquitectura y física señalan que la mencionada propiedad se produce “exclusivamente por el diseño abovedado y la forma de los muros”. Incluso se asegura que “las ondas sonoras que parten de un punto, al encontrar un obstáculo en su marcha, se reflejan formando un ángulo de reflexión igual al de incidencia por lo que en una bóveda elíptica los sonidos producidos en uno de los focos de la elipse se reflejan en el otro. Para que no se pierda nada de la intensidad del sonido es preciso que en la bóveda no haya aberturas por las que se escaparían o sufrirían reflexiones irregulares las ondas que a ella llegasen. Además, para que esto suceda es necesario que los materiales de una construcción de estas características sean suficientemente elásticos, estén bien unidos, sin resaltes ni huecos y sin juntas aparentes” (Wikipedia).

El ‘caso’ de Segorbe destruye radicalmente estas aseveraciones convirtiendo el hecho en singular y extraordinario además de desafiar las propias leyes de la física en cuanto a la acústica y la propagación del sonido, ya que entre las dos torres citadas, unidas por la correspondiente muralla, no existe ningún tipo de cubierta ni objeto que pudiera reflejar el sonido, el espacio queda por lo tanto a cielo abierto; están construidas con paredes rectas a base de mampostería ordinaria con sus irregularidades propias y además la separación entre ambas torres es, nada menos, de 44 metros.

Es aquí, donde las torres parecen hablar, donde se produce el susurro entre las murallas medievales de Segorbe.

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