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Por David García Pérez
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Un discurso peligroso

    El presidente del Gobierno compareció el pasado lunes para anunciar su continuidad tras unos días de reflexión. Era algo bastante evidente para el autor de ‘’manual de resistencia’’ y que tan acostumbrados nos tiene a los golpes de efecto durante estos últimos años. No voy a entrar a valorar el contenido del discurso, pero sí a las circunstancias políticas que están envolviendo todo esto.

    Llevamos demasiado tiempo en el que se está ‘normalizando’ entrar en la vida personal de los políticos, y criticar aquello que hacen sus familiares que nada tienen que ver con la política. Se ha cruzado hace tiempo una línea peligrosa y muy dañina. Y no todo vale. Detrás de cada político hay personas que además no han decidido exponerse que sufren las consecuencias del ‘’todo vale’’. Además, se está generando alrededor de la política un clima de crispación, enfrentamiento, odio y rencor que aleja cada día más a la ciudadanía. Y estamos llegando a un punto muy peligroso. Y todos, unos y otros, deberían reflexionar sobre el grado en que han o están contribuyendo a ello.

    No es creíble rasgarnos las vestiduras cuando nos toca a nosotros o a los ‘’nuestros’’, pero callamos o inclusive participamos cuando le toca al ‘’otro’’, al adversario. Y es profundamente lamentable. Las cosas están bien o mal con independencia de quien las haga o a quien se lo hagan. O así debería ser bajo mi punto de vista. Pensaba que esto era sentido común, aunque cada vez sea menos común.

    El debate político, de partido y bloques ideológicos, se está degradando a pasos agigantados. Coincido con el presidente del Gobierno en que hemos de llevar a cabo una reconstrucción democrática y contra la polarización. Pero no coincido en absoluto con el presidente del Gobierno en seguir acrecentando las diferencias de dos Españas: los demócratas (por supuesto, los míos) y los enemigos de la democracia (todos los demás que no estén conmigo), y atacando a los jueces y medios de comunicación (contrapoderes) que no siguen lo que ordeno, haciendo un llamamiento a la lucha en la calle. De verdad, paren. Unos y otros. Dejen de pervertir y destruir los valores de convivencia. Su odio y rencor al diferente, haciendo un viaje en la historia no tan lejano, ya sabemos donde nos lleva. Y no queremos eso. No la queremos esa otra España que también existimos, aunque no gritemos, no insultemos y no entremos en esta guerra de bandos.

    Por favor, siéntense. Hablen. Escúchense. Respétense. Dialoguen. Por España, pero por toda España, no solo la que les vota. En tiempos convulsos y críticos como estos, hay que aplicar recetas moderadas, desde el respeto y recuperar el espíritu de la concordia.

    Estos días me viene una frase a la cabeza pronunciada en 1996 por Adolfo Suárez cuando le fue concedido el premio Príncipe de Asturias de la Concordia: ‘’(…) y así como la concordia es capaz de hacer crecer las cosas más pequeñas, la discordia es capaz de destruir las cosas más grandes (…)’’. No permitamos que la discordia destruya la convivencia y la democracia. Aún estamos a tiempo. O eso espero.

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